El barrio está distinto. La gente ya no viene al parque como antes. Aunque algunos todavía se sientan allí, a pesar de lo que sale por el televisor. Se entretienen con sus teléfonos como si eso fuera un juego.

Algo sucede con ese virus. Yo lo sé. Papá no quiere explicarme, pero algo pasa.

- Ja-ja-ja-. Llevo días sin oír sus risas. Sin ver a mis amigos, sudados por la carrera de patines, en bicicletas, o a pie.

Hace rato que no jugamos juntos, porque dicen que no podemos salir de casa, porque no debemos acercarnos mucho, y porque no podemos abrazarnos.

Estoy aburrida. Mamá juega diciéndome que no sea burra y busque con qué entretenerme.

Ya no encuentro nada divertido. Repasé las tablas de multiplicar, las de dividir. Hice ropas de papel para mis muñecas, y también dibujé un paisaje de Cuba en la computadora.

Llevo tiempo sin salir. Sólo mirando desde la ventana a las personas pasar, a los viejitos y a las muchachas. Algunos llevan las bocas tapadas. ¿Por qué otros no.…?

Y la tienda donde papá me compra dulces sigue cerrada.

Debo preguntarle a papá por qué ya no venden dulces, y por qué cerraron la escuela y las clases serán por televisión. Y por qué algunas personas no usan tapabocas si lo dijeron en el noticiero.  

Yo sé la respuesta, pero papá me ayudará. Igual que mamá. Ella es buena en Lengua Española. Él en Matemáticas. Los dos son mis maestros en la casa. Mis primeros maestros.

La otra vez que estuve aburrida… jugué conmigo misma. Sí, estoy aprendiendo a hacerlo mejor. Fue cuando no sabía el significado de una palabra, que me contesté:

-         Eso es un peligro.

Hablaban de pan, pan… ¡Ay, se me olvidó!

Déjame pensar. A ver…

¡Ya! ¡Ya me acordé!

Hablaban de pandemia.

-         Yo creo que no.

Respondió rápido mi otro yo.

-         ¡Claro que sí, mija!

-         No sé… Yo creo que es el virus.

Grabé hasta la palabra: virus. Esa y otras más: infección, epidemia, Coronavirus … Ese. Ese es el nombre del virus: Coronavirus. Lo sé porque oí cuando mi tía se lo dijo a mi abuela. Ella es doctora y trabaja en el hospital donde nacen los bebés.

 

Estoy cansada del Coronavirus. No puedo ni ver muñequitos por su culpa. Por eso quiero hacerme doctora como mi tía, para acabar con él. Así la gente podrá volver al parque, y no tendrán que taparse la boca. Y yo regresaré a mi escuela para jugar de nuevo con mis amigos.