Parecería un juego o el último grito de la moda. Una rara y contagiosa tendencia que se va propagando entre la gente como las marcas de ropa. Eso sería si fuera otro el momento, pero no es así. Los efectos de tantos actos hicieron que la ficción de un filme cualquiera, ahora se convierte en la más triste realidad. Un entorno con escenas de Hollywood adaptado a la pantalla del presente. La película de los seres que habitan esta casa patas arriba; o a la inversa. A estas alturas es difícil saber qué mundo predijo al otro primero –ficción o realidad-, y cuáles son sus intenciones. Aunque algunas ya germinan sobre la crisis, como la yerba que nace y a pesar de su verdor, es mala. Hablo de una yerba compleja.
Se esparce como este virus del que se ha estudiado algo. Sin embargo, aún su capacidad de enmascararse y atacar es letal. En esta carrera de fondo, o mejor: en el fondo de esta carrera hay situaciones que se transforman, o no se ven bien, al menos con una vista epidérmica. Se requiere entonces un enfoque profundo. Tal vez por eso sean las máscaras. Ellas van por ahí, ocultando las palabras y los hálitos de vida para dejarle todo el espacio a la visión. Muchos se reconocen por los ojos en estos días. Basta sólo la mirada para saber quién eres. Gritar tu nombre o decirte el apodo de la infancia; quizás eso. No puedes pedirle más a quienes se adaptan como en épocas pasadas para sobrevivir. Nada como levantarte una mañana y tener que usarla precisamente para subsistir. No apartarte de ella ni por un instante: cuando sales a la calle, por cualquier motivo, bajo determinada circunstancia. Debes tener puesta la máscara donde estés. Lo que empezó como un consejo terminó siendo una obligación, porque el resto ya la tiene y no puede haber excepción. De lo contrario, corres el riesgo de ser culpado de ingenuidad, en el mejor de lo casos. Menospreciado por el simple hecho de no verte como ellos ni cumplir «las normas». Es ajustarse o morir; y la elección sirve de pretexto para el juicio de los contagiados. Pudieras ser acusado por propagación de epidemias, o de la más furtiva hipocresía. Depende sólo de la máscara que uses más allá de su reflejo.

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