Él estaba otra vez en el mismo asiento, sentado frente a un cristal transparente, con los conocidos de siempre, una parte de ellos. Los besos y abrazos se cambiaron -como ha sucedido desde que surgió la pandemia- por los toques con el puño. Después de veinte días aislados no podía ser diferente. Aprovechaban para actualizarse de los pormenores vividos, lo que pasó en casa y el suceso más reciente de allí.

Algo ocurrió en la emisora mientras estuvieron fuera. El ambiente no era el mismo, y la gente dice cosas. Cuesta retener un secreto que se escapa entre bocas abiertas. Aunque nunca llega a serlo porque no es la intención. Lo importante es tener la primicia. Más en un lugar como este: donde la «noticia» está a la orden del día.
- ¿Qué pasó? - Dijo el muchacho con un semblante de intriga-.

Faltaban algunos minutos para que el programa empezara.
Por eso quiso actualizarse, o peor, lo exigía.

- ¡Dime mija, cuenta ya! Le insistió a la colega sentada a su lado.
Mirándola, con el aire acondicionado provocando un sonido de fondo, uno ligero y casi imperceptible, sin otra perturbación apenas, el joven insistió en el empeño, como alguien que parece decidido, y no le quitó la mirada. Su silencio era el convite para que ella empezara a hablar.

No podía quedarse afuera, ni prescindir del material suficiente para procesar su propia información.

Después que ella le contó, él hizo lo suyo: sacó de dudas a otro compañero que tampoco sabía. Así funciona.

- El tipo lo estaba haciendo desde hace rato. Pensaba que esta era su casa. ¡Fíjate que acondicionó un baño para su uso personal! No.… y dormía en el cuarto de grabaciones-.

- ¡No me digas! -

- La verdad es que tuvo suerte; pero se le acabó. La gracia le duró demasiado. ¡Es que no era ninguna gracia, chico! Era una asquerosidad lo que tenía montado aquí. Te lo digo sin que me quede nada por dentro-.

El oyente entendió que el hecho fue despreciable. La manera como le describieron aquella situación, esa forma de manipular a las personas utilizando precisamente sus sueños, y hacerlo de una forma tan vil, es para repudiar.

Quién sabe por qué otras mujeres que también estuvieron allí, no hicieron lo mismo que esta. Desde que la sentó delante del micrófono, y se acercó mientras le hacía una prueba de locución, la joven sospechó. Después le enseñó una foto y la miró fijamente. Ella dijo que no. Un «no» con los ojos muy abiertos, y se fue gritando en busca de la salida.

Al final, en cabina sonó la canción del comienzo, y todos ocuparon sus posiciones, el programa de radio iba a comenzar.