Los nombres de ahora son
medio confusos. O hasta cómicos, si lo miras con una pizca de gracia. Asà decÃa
mi abuela: una pizca de gracia para la
vida mijo. Una pizca, aunque sea.
¡Ay, mi abuela y sus
ocurrencias!
Mejor volvamos a los
nombres y lo que intento decir.
Espera un momento...
...Seguimos.
Para mà los nombres son
como una luz, como un farol encendido. Reflejan lo que quieres expresar de
alguien o de algo. Cada cosa tiene uno. Asà acostumbra a ser. Están los altos y
sonantes como el toque del tambor. Y los suaves y cadentes como el canto de
mamá. Esto no significa que, todos los niños o las muñecas que tengan uno
igual, sean idénticos en el mañana. Nada es lo mismo con los años. Por eso las
Paulas no son iguales, ni los Samueles tampoco. ¡Menos mal!
ImagÃnate sà los nombres
copiaran a los animales, los juguetes, o a la gente. SerÃa un aburrimiento
total.
Por eso, aunque escribas
con letras grandes ENSALADA en la pizarra, y pronuncies sus sÃlabas mientras la
retocas con la tiza, son distintas las dos. La altura y el ancho de las letras
no marcan la diferencia. Ni siquiera que esté bien escrita y sin faltas de
ortografÃa, que ya es bastante. A la ensalada de Paula no la diferencia una H
(hensalada), ni una Z (enzalada). La distingue el contenido. Eso, y su forma.
La manera como se hace. Es mejor para ella la que no lleva vegetales ni frutas.
Esa le entretiene, porque juega a que es adulta.
-Ahora soy una mujer-,
afirma en ocasiones. Y yo no aguanto la risa. La madre en cambio se enoja. No
soporta ver cómo queda el cuarto cuando la niña libera su arte:
La coqueta regada.
Algodones por el piso.
Algún que otro pomo
destapado.
Y una brocha con los pelos
duros, tan tiesos que no vuelve a servir.
A veces usa los colores de
la bandera en su ensalada.
-Para que pegue con el
uniforme, -dice-, y no me regañen en la escuela-.

0 Comentarios