El hombre crece con el trabajo,
de ahí que quien quiera pueblo ha de habituar a los
hombres a crear".
José Martí
El trabajo donde el individuo crea las formas para
resolver los problemas impuestos ante cada proyecto de transformaciones
profundas, la manera de materializar la cultura política adquirida para
revolucionar una Revolución consecuente con su pueblo, constituye el arte de
hacer política en Cuba.
Dicha materialización, para lograr el éxito deseado
en un país heterogéneo como el nuestro, y bajo constantes agresiones en
distintos ámbitos, debe equilibrar la armonía: empeñarse en la búsqueda del
mayor apoyo posible para cualquier obra emprendida; con la radicalidad: ir a la
raíz, al centro de la verdad y de la acción revolucionaria, así como guiarse
por principios éticos, donde se eleve sobre todo la justicia y dignidad de un
país entero.
Siguiendo esta línea, Martí es uno de nuestros
grandes pensadores, el cual define la política como el arte de inventar un
recurso a cada nuevo recurso de los contrarios, de convertir los reveses en
fortuna; de adecuarse al momento presente, sin que la adecuación cueste el
sacrificio, o la merma importante del ideal que se persigue; de cejar para
tomar empuje; de caer sobre el enemigo antes de que tenga sus ejércitos en
fila, y su batalla preparada.
Es cierto, hacer política en Cuba constituye un
arte que debe ser bien entendido por quienes lo practican. Porque como nos
alertara Armando Hart -ideólogo de la cultura de hacer política- en varias
ocasiones, es imprescindible, más en los tiempos actuales, pensar las
diferencias, y también las similitudes existentes entre ideología: la lógica de
la generación de ideas, con la ética, la política, la ciencia y las
tecnologías. La historia ha demostrado que quienes no supieron relacionar o
delimitar estas categorías, agravaron sus carencias, o peor, no sobrevivieron al
error.
Como todo arte verdadero, hacer política para
llevar adelante procesos de cambios en favor de la sociedad, requiere tener
como base un movimiento cultural genuino que movilice a la mayor cantidad de
personas posibles en función de ideales redentores. Nunca en contra del pueblo,
sino junto a él. Hacerlo partícipe con su trabajo y motivación a crear más
Revolución, articulando entre todos los actores nuevos espacios para
revitalizar las formas de hacer política, con todos y para el bien de todos, o
al menos de la inmensa mayoría, consciente de lo que significa preservar la
independencia, la soberanía y la libertad de Cuba. Sembrar consciencias decía
Fidel, el más grande discípulo del Apóstol, quien tuvo como concepto esencial
de hacer política el de unir a los cubanos en torno a nuestro socialismo. Lo
logró con educación. Con ella llegó incluso hasta la subjetividad de la gente,
los puntos de vista del sujeto que tanto peso tiene a la hora de hacer
política.
Sobre este tema, la doctora Ana Sánchez Collazo afirmaba
que: el papel de la educación en el desarrollo del arte de hacer política es
cimero, en esencia, si tenemos en cuenta que las nuevas generaciones, al
abrazarla, podrán ejercer una influencia trascendental en la concreción de
nuestro porvenir.
Dos frentes imprescindibles hoy para cualquier
proyecto político, económico y social: educación y juventud. ¿Cómo mantener
nuestro legado sin ellas? ¿Cómo aprender, y a la vez revolucionar el arte de
hacer política sin ellas? Es muy difícil.
Bibliografía:
https://www.juventudrebelde.cu/cuba/2011-03-31/constituyen-catedra-la-cultura-de-hacer-politica
http://www.cubadebate.cu/opinion/2005/12/26/cultura-y-politica/

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