Cada persona tiene su propio concepto de la vida, y por tanto, una definición de éxito muy personal. Ninguna es mejor o peor que la otra. Por lo general depende de la cultura, la educación y los intereses que se tengan. El ser exitoso se tiende a vincular con la materialización de los sueños, el dinero y el poder. Es un camino lleno de sacrificios, aprendizajes y retos. Requiere actitud, capacidad de resiliencia, vencer los miedos. Para algunos el éxito constituye un objetivo. Para mí es un proceso constante, una filosofía de trabajo.

Empiezo a tener conciencia real de mis vivencias, y sus implicaciones, cuando soy padre por primera vez. Ahí dejo de ser responsable solamente de mí para cuidar de la familia. Eso lleva a que entienda el poder del pensamiento combinado con la disciplina y la acción. Pasan diez años de ese instante maravilloso y muchas cosas cambian desde entonces. Sobre todo, mi visión del mundo y el sentido de la reinvención.

Ser padre esclarece prioridades en función de la importancia, y según los valores que defiendo. Lo material se convierte en una herramienta para tener mi definición del éxito: felicidad. Mientras, las decisiones que tomo pretenden generar los recursos suficientes para satisfacer nuestras necesidades de vivir.

El nacimiento de mi segundo hijo reafirma la creencia por la cual me sobrepongo a la exigencia de los días. Resulta difícil el camino, y nada hace pensar que el futuro sea diferente. Por el contrario, redescubro las fronteras que tienen las dimensiones de mis sueños. No me detengo, aunque eso implica salir del país donde nací y alejarme de los míos.

Casi nadie me espera adónde voy. No obstante, soy bienvenido. Llego con una mochila en la espalda y ganas en el pecho. Una fe inmensa por salir adelante, que conecta hechos del pasado aparentemente olvidados. Al fin entiendo que todo conduce a un propósito mayor. No lo he vuelto a dudar. Por eso trato de optimizar el tiempo. Voy probando las formas que junten las piezas para alcanzar el siguiente nivel. De eso también trata mi definición de éxito: aprender de los fracasos y las nuevas experiencias. De eso trata quien soy, y lo que expongo en este libro. De eso precisamente trata la frase que vi una vez en tanto conocía las calles de Montevideo: la Patria es el mundo entero.

Su esencia me oxigena para ayudar a los amigos. Me anima a luchar por mí, la familia y lo que aspiro para todos ellos.

¡Sin miedo al éxito!