ninguno podrá decirte del dolor,
de este inmenso dolor que quema
por no haberte dado antes de irte
el abrazo de despedida.
Es
la tierra seca en el traspatio.
Tu
maceta vacÃa del jazmÃn.
La
planta marchita en el jardÃn.
El
suplicio de ir al patio,
mucho
más en abril.
Son
los aguaceros sin tus azucenas.
El
polvo que cubre la lacena.
El
gusto distinto de la cena, tu sazón
que
ahora me deja sin razón
para
chuparme los dedos.
Es
el colador frÃo y sin vapor
del
café caliente, aquel sabor
con
el pan de la merienda,
y
una abuela que te atienda
en
las tardes de domingo.
Cómo ver las cosas igual que antes.
Cómo
estar en paz si no tengo alma.
Sufrir
tu ausencia me roba la calma,
es
el deseo constante de tu voz.
Los
susurros del mi niño ven conmigo.
Los
gritos de Yasel sal del baño.
Los
momentos que gané tu regaño.
Los
mijo te bendigo, y tu abrigo.
Uno
que me hacÃa querido,
contigo
amorosa, y mami feliz.
Es
la falta de tu risa, carajo.
Las
rosas que no se dan,
Malolis
y Sinso que tampoco van
a
estar cuando vuelva del trabajo.
Son
tus hijos que lloran.
Los
nietos que te añoran,
sus
hijos que llegaron luego
y
ponen por encima del juego
el
mirar tu foto amarilla.
Es
el lamento por la rodilla.
Las
horas sentada en la silla.
Las
ganas perdidas de andar.
La
jodida enfermedad, tu temblar.
Son
los dÃas finales que no estuve a tu lado.
El
virus maldito, el tiempo confinado
que
me impidió llegar antes que partieras,
sentir
tu voz, y aunque apagada te viera
por
última vez.
Cómo
ver las cosas igual que antes.
Cómo
estar en paz si no tengo alma.
Sufrir
tu ausencia me roba la calma,
es
el deseo constante de tu voz.
Los
susurros del mi niño ven conmigo.
Los
gritos de Yasel sal del baño.
Los
momentos que gané tu regaño.
Los
mijo te bendigo, y tu abrigo.
Uno que me hacÃa querido,
contigo amorosa, y mami feliz.
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