No importa
que venimos de padres diferentes
si el amor maternal sigue siendo el mismo,
y no escatima valor para mirar de frente
al sacrificio, la escasez que sufre mi gente.
No aborta mi memoria
la imagen de repente
con mami hinchada, contenta en estado tuyo,
una de mis manos sobre el vientre suyo
acariciándote entre alegría e euforia.
No exhorta la
diferencia de nueve años
a la competencia, o a sentir extraño tu llegada
la duodécima madrugada del noventa y cinco.
Un diciembre de ahínco doblemente especial.
No transporta el
oficial apodo que digo
bautizado por el amigo del Papanegro abnegado.
Fina es el sobrenombre eternizado
de aquella niña envuelta, hoy esbelta mujer.
No porta tu ser la
más mínima arrogancia.
Transmites confianza, sencillez y el placer
de parecerte tanto a la mujer
que nos trajo Isel a este mundo,
para unirnos como hermanos con profundo
sentido de la honradez, Isiel.
No acorta una niñez
de recuerdos felices
el deseo espiritual de tenerte en la adultez.
Verte crecer conmigo, el abrigo de corduroy
que abuela nos hizo en primaria, y dices
mantenerlo vivo contigo hasta hoy.
No conforta que
estemos en países distintos
luchando por el mismo ideal familiar,
pero lejos de las raíces, nuestra Cuba natal.
Desvelados por estar todos juntos de vuelta,
con la alegría devuelta en la casa de Songo.
No aporta mucho Fina
mía supongo,
un barbero sin la herencia del abuelo.
Una esencia de abuela sin Asiris.
Una madre como Chely sin un arcoíris.
Un nombre de padre distinto a Sergito.
Un rol de papá que no sea Enrique y Pipito.
El regalo de un hijito diferente a Luquitas.
La comodidad que te quitas para dársela a él.
No transporta el
oficial apodo que digo
bautizado por el amigo del Papanegro abnegado.
Fina es el sobrenombre eternizado
de aquella niña envuelta, hoy esbelta mujer.
No porta tu ser la
más mínima arrogancia.
Transmites confianza, sencillez y el placer
de parecerte tanto a la mujer
que nos trajo Isel a este mundo,
para unirnos como hermanos con profundo
sentido de la honradez, Isiel.
si el amor maternal sigue siendo el mismo,
y no escatima valor para mirar de frente
al sacrificio, la escasez que sufre mi gente.
con mami hinchada, contenta en estado tuyo,
una de mis manos sobre el vientre suyo
acariciándote entre alegría e euforia.
a la competencia, o a sentir extraño tu llegada
la duodécima madrugada del noventa y cinco.
Un diciembre de ahínco doblemente especial.
bautizado por el amigo del Papanegro abnegado.
Fina es el sobrenombre eternizado
de aquella niña envuelta, hoy esbelta mujer.
Transmites confianza, sencillez y el placer
de parecerte tanto a la mujer
que nos trajo Isel a este mundo,
para unirnos como hermanos con profundo
sentido de la honradez, Isiel.
el deseo espiritual de tenerte en la adultez.
Verte crecer conmigo, el abrigo de corduroy
que abuela nos hizo en primaria, y dices
mantenerlo vivo contigo hasta hoy.
luchando por el mismo ideal familiar,
pero lejos de las raíces, nuestra Cuba natal.
Desvelados por estar todos juntos de vuelta,
con la alegría devuelta en la casa de Songo.
un barbero sin la herencia del abuelo.
Una esencia de abuela sin Asiris.
Una madre como Chely sin un arcoíris.
Un nombre de padre distinto a Sergito.
Un rol de papá que no sea Enrique y Pipito.
El regalo de un hijito diferente a Luquitas.
La comodidad que te quitas para dársela a él.
bautizado por el amigo del Papanegro abnegado.
Fina es el sobrenombre eternizado
de aquella niña envuelta, hoy esbelta mujer.
Transmites confianza, sencillez y el placer
de parecerte tanto a la mujer
que nos trajo Isel a este mundo,
para unirnos como hermanos con profundo
sentido de la honradez, Isiel.

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