Sí, así lo siento, no puedo querer otra cosa.

Prefiero tu aliento en la bendición poderosa

que descubro entre la prosa del mensaje matutino,

cuando me escribes con fe el buenos días divino.

Cuando recibo repentino el enchute de tus ganas.

A través de la pantalla veo aquella añoranza sana

o el silencio desganado, simulado en la sonrisa

para decirme que precisa nuestro abrazo sincero

y disfrutar el te quiero por encima del dinero.

Con anhelo es eso lo que también yo quiero,

tenerte siempre conmigo y no alejarnos jamás.

No estar obligados nunca más por necesidad o impotencia

de extrañar tu presencia por otra necedad.

Esta es mi verdad, necesito hoy gritarla al mundo

para no verme hecho un moribundo sin fuerzas.

Mostrarle a mis hijos las maneras diversas

que tiene un hombre rotundo de luchar.

Nada es imposible cuando un hijo marcha

en busca de ensanchar el corazón de su madre.

Nadie se atraviesa si mami impulsa el bienestar de los suyos.

La mía forjó a este hombre el cual ahora constituyo.

Lo hizo con todo el orgullo de una mujer dispuesta

que hasta su vida apuesta por el futuro que construyo.

Sí, así lo he visto, desde que tengo vida y conciencia.

Pienso que también es la esencia de cuanto he logrado hasta aquí,

saberla en cada sueño junto a mí, cubriendo la retaguardia,

poniéndose en la vanguardia con su abrigo

para hacerme testigo del inmenso amor de mamá.

Ella me da el maná con el que atravieso mis desiertos,

me hace vivir seguro bajo el amparo de mis muertos.

Ir con los ojos abiertos por caminos oscuros.

Tener cerebro maduro, puños duros, puro el corazón.

Hacerle saber a mami que ella es la razón

para alzar la bandera de mi Patria Familiar.

Encontrar la manera exacta de reinventarme el presente

con el que llevo a mi gente el futuro de la ilusión.

Sí, esa mi misión, pelear por la paz de los míos.

Seguir viendo brillo en sus pupilas

como la luz del sol en el agua de los ríos,

como las plantas de abuela y sus gotas de rocíos,

como los bríos que tengo para luchar por mis santas.

Cuántas ganas tengo de volverte a besar.

Tocar tus manos suaves a pesar del trabajo, los años

y los esfuerzos aledaños que debiste enfrentar

con ese espíritu guerrero con el cual nos criaste,

con el amor verdadero que a la familia me inculcaste.

Largas noches de vigilia junto a abuela pasaste,

cuidando su estado delicado, dándolo todo como ella hizo.

Por eso Dios quiso la salud que te mereces

rodeada de la bendición, el amor que nos ofreces.

Tenerte fuerte todavía para disfrutar tus nietos,

retribuirte con total respeto por el tiempo

que junto a nosotros permaneces.

Cada instante es el milagro de un valor colosal.

Sí, así lo creo, no hay sustantivo ideal para definir tu estatura.

Hija, hermana, madre, tía y abuela sin tachadura.

Isiel, la mujer que para mí amerita una escultura

donde se refleje la cultura de amar sin nada a cambio.

Amar sin intercambios de prebendas e intereses.

Amar poniendo el pecho como la venda en la herida.

Amar hasta después de una imborrable despedida

que termina desgastándose, pero nunca se olvida.

Sí, si de alguna forma pudiera resumir cuánto idolatro

a mi madre primorosa, lo haría con una rosa.

Regalándole una rosa sembrada por mi abuela

y su retrato, el mismo que nos recuerda de dónde

venimos, y hacia donde vamos por mandato.

No hay cabida para ningún desacato.

No la hay, ni tampoco tiempo suficiente

para perpetuar en un espacio de vida,

especialmente dedicado a ti, mami querida, este poema.