Su cara asombrada se impactó

con la impresión de aprender distinta

esa enseñanza de vida.

Clase de una etapa en “re-evolución”

con sus errores y rectificación circular,

como la rueda de su bicicleta

y esos rayos partidos, la goma gastada.

 Al principio ella pudo pensar

que mi conversación sería un aburrido

cuando acostados en su predio

Empecé a hablarle atentamente.

 

En su habitación de paredes blancas.

sábanas limpias, color rosa,

los mensajes circundaban

augurando el aura oscura

del cual quiero cuidarla.


 Mas, para el niño no es fácil cazar

la causa por la cual un adulto

No puedes reír más y preocuparte menos.

 

Y esa noche de silencio profundo

no pudo apagarse el susurro

que gritaba cerca de su oído.


No hay forma mejor para uno decir lo que siente.

Confiarle un secreto así a la persona que ama

sin miedos ni tapujos pesados,

abrazados los dos. 


Hay cosas que no se preguntan

y respuestas que no se dan,

excepto al hijo por el cual te mueres.

A él se lo entrega todo,

hincas tu rodilla al lodo si contra al lobo lo protege.

Por eso le abre los ojos y más unidos van

desafiando a las falsas ovejas que su iris refleja.

 

De cualquier manera, un día Isa será grande como yo.

y dormir a pierna suelta ya no estará a la vuelta

de la esquina tras su juego.

Será preciso que tenga un ojo avizor

para prevenir el hueco antes de caer.

Necesitará barrer la imagen que pretende

matar su verdad, cortándole alas a su ingenio

para propulsar el despegue de su insomnio.

 

Párpado nervioso por culpa del estrés.

Ojeras de madrugada en vela.

Pupilas dilatadas sin reposo cercano.  

 

Eso será lo que venga

y quiero que lista esté.

El descanso, un lujo de antaño.

La traición, una mirada feliz.

 

Por su rostro supe después

que entendió más de lo que pude

Yo pensaría que lo lograría.

 

Mientras me alejaba de la cama

su sonrisa y el brillo en sus ojos

me hicieron salir tranquilo.

Vi  dentro de aquel cuerpo de niña

que ya empezaba a mostrarse

una conciencia de mujer.

 

Hay cosas que no se preguntan

y respuestas que no se dan,

excepto al hijo por el cual te mueres.

A él se lo entrega todo,

hincas tu rodilla al lodo si contra al lobo lo protege.

Por eso le abre los ojos y más unidos van

desafiando a las falsas ovejas que su iris refleja.

 

De cualquier manera, un día Isa será grande como yo.

y dormir a pierna suelta ya no estará a la vuelta

de la esquina tras su juego.

Será preciso que tenga un ojo avizor

para prevenir el hueco antes de caer.

Necesitará barrer la imagen que intenta

matar su verdad, cortándole alas a su ingenio

para propulsar el despegue de su insomnio.

 

En unos ojos infantiles.

En la cama de otro cuarto.

En una noche cualquiera.

Criando a sus hijos.