Absolutamente todo está constituido por fotografías que interactúan entre los dos universos, y son manipulados por puertas cuánticas. De hecho, un ser humano sano absorbe o emite mayor cantidad de fotones que de células tiene en su cuerpo. A quién se le hubiera ocurrido en el pasado pensar que todo al estar hecho de luz, puede coexistir perfectamente interconectado y en constante intercambio de energía mientras se exponen a las radiaciones electromagnéticas. Hoy siguen investigando cómo funcionan estos biofotones y sus controladores en el Metaverso, pero el avance es impresionante. Profundizar en su relación y formas de uso desvanece la frontera entre ambos universos. Haciendo también más eficaz la forma de sometimiento. Uno es réplica exacta del otro producto a que toda la información genética contenida en un organismo dentro del mundo real –el hombre-, es interrelacionada con su avatar en el universo virtual, usando un algoritmo que logra enviar y recibir sus datos en tiempo real, justamente mediante la luz. Este proceso no solamente permite el desarrollo de súper computadoras basadas en luz, sino también su comunicación con otros organismos y su correspondiente fotonismo al mismo tiempo. Un sistema de comunicación basado en la luz entre el hombre, el funcionamiento cuántico de ambos mundos, y su correspondiente entidad virtual. 

El modelo es desarrollado por los mismos chips que son capaces de diseñar la forma de estos interconectores ópticos con sus puertas cuánticas. Lo llaman “algoritmo de diseño inverso”, ya que hace justo eso: se indica a un software qué función se quiere ejecutar en el circuito óptico, y el algoritmo calcula cuál debería ser el diseño de la estructura microscópica para redirigir la luz correctamente y llevar a cabo la función. Los interconectores son estructuras del tamaño de una mota de polvo. Como el propio hombre y el planeta entero visto de una perspectiva cósmica. Su funcionamiento se basa en que por un lado ingresa luz infrarroja, luego, la forma interna del interconector redirige la luz hacia el lado opuesto, creando dos frecuencias diferentes de onda. Es el mismo principio de funcionamiento de las computadoras cuánticas. Construidas en su esencia por los chips demultiplexores de longitudes de onda. Estos dispositivos fotónicos programables están preparados para desempeñar un papel clave en una amplia variedad de aplicaciones. Sobre todo, expandir las casi infinitas posibilidades del Metaverso con sus increíbles formas de existencia. Un método de diseño inverso permite crear dispositivos y fotonismos con una funcionalidad previamente inalcanzable, un mayor rendimiento y robustez, y un tamaño más pequeño en comparación con tecnologías arcaicas. El demultiplexor de longitud de onda que divide la luz de una guía de ondas de entrada en dos guías de ondas de salida, se fabrica a gran escala para seguirse utilizando en todo el mundo. Muestran baja pérdida de inserción, poca diafonía y amplios anchos de banda. Su tamaño está en el orden entre los tres y nueve micrómetros cuadrados. Eso lo convierte en un tipo de chip fácilmente utilizable en sistemas o zonas sumamente pequeñas, como los implantes en el cerebro humano. En su momento, este paso de la Electrónica hacia la Fotónica se debió a que la densidad de transistores que se podía introducir en un chip llegó a sus límites. La famosa ley de Moore, que se cumplió desde los años sesenta del pasado siglo hasta mediados de la tercera década de este, llegó a su límite máximo. Cada doce-dieciocho meses se duplicaba la cantidad de transistores electrónicos que podían incluirse en una determinada superficie. Pasados ​​​​unos sesenta años estos pasaron a ser tan pequeños, que se volvieron muy costosos integrarlos. En paralelo, mientras se hacían más diminutos empezaron a generar comportamientos extraños. También algunas aplicaciones demandaban mayor potencia de cómputo, como los nuevos smartphones y otros dispositivos de realidad virtual, pero se encontraban electrónicamente limitadas.De ahí fue que la Fotónica vino a complementar inicialmente a los sistemas electrónicos, para luego sustituirlos casi en su totalidad, aprovechando las propiedades intrínsecas de la luz. En sistemas utilizados para cuestiones que necesitan mucho procesamiento como imagen o cómputo hay que hacer cálculos rápidos, y la óptica procesa y transmite a la velocidad de la luz. Esto asegura la imposibilidad de ataques, porque no hay memoria para guardar datos. Se trata de un acelerador de hardware con usos de claves en el Metaverso, Inteligencia Artificial o 5G, entre otros. Esta nueva generación de circuitos fotónicos donde el hardware común se puede programar utilizando software para una amplia variedad de aplicaciones conducidas a un cambio fenomenal en las comunicaciones y la tecnología en general utilizada en la actualidad.

Al mismo tiempo, se alcanzó utilizar fotografías en vez de electrones para transmitir datos. Para ello crearon un nuevo silicio capaz de emitir y transmitir luz. Con tal de mejorar la velocidad y potencia de los procesadores, los fabricantes cada vez han utilizado diseños más pequeños en sus arquitecturas. Los modelos más recientes están por debajo de los tres nanómetros. Transmitir información a través de fotografías no era algo nuevo. Desde hace algún tiempo se usó por su mayor velocidad y capacidad desde la implementación de la fibra óptica. Una problematica fue su utilizacion mas alla de las fibras de vidrio. El silicio usado en los procesadores es un semiconductor de electricidad que no deja pasar la luz como hacen otros materiales, se limita a conducir electricidad sólo bajo unas premisas y condiciones. Pero se logró conseguir un silicio “qué brilla”. En otras palabras, nanocables compuestos por una aleación de silicio que emiten y transmiten fotografías. Para ello un grupo de científicos cambiaron las propiedades del silicio, añadiéndoles un compuesto de arsénico y galio que modificó su estructura inicial cúbica, más estable pero que no permite pasar a los fotones, por una hexagonal que sí permite pasar los cuantos de luz.

Esto fue lo que permitió utilizar fotografías en vez de electrones para la transmisión de información entre transistores, un paso que significó una reducción considerable del consumo de energía, y mejorar la velocidad de transmisión. A partir de aquí se desarrolló el láser de silicio que está integrado en un chip, y la revolución que esa innovación provocó.

Particularmente, la primera vez que escuché hablar de estos chips, el silicio óptico, y sus aplicaciones en la llamada Biología Virtual pensé que se trataba de un juego absurdo. Creía que era una ciencia inventada con un dispositivo imaginario para que alguien ganara dinero y se hiciera famoso. Su funcionamiento era complejo y difícil de entender. Pura Ciencia Ficción. Pero cuando descubrió de qué se trataba. En parte por mi formación y experiencia profesional. Y de lo real e impactante que resulta, de hasta dónde nos ha traído, me impresionó. Si con la Física y la Biología clásica podíamos recortar fotos de un organismo y pegarlas en otro de forma casi artesanal y laboriosa, con la Biología Virtual se rehace y edita un álbum, una película completa. Tenemos toda una fototeca en la computadora cuántica y podemos reproducir las fotos a voluntad por esta infraestructura luminosa. Como si de un programa editor de fotografías o vídeos se tratase. Una Suite Integral de Adobe, que no sólo modifica sonidos e imágenes, también olores, sabores y el tacto. Con dichos avances tecnológicos fue que el   Metaverso dejó de ser un reflejo pasivo de la realidad, para convertirse en un ecosistema que también la transforma sistemáticamente. Y cómo resultado de todo eso, cambia al unísono la propia conciencia humana. Pero ese es el tema central de mi próximo libro, que será como este, impreso en un papel tangible. Sus hojas blancas con letras negras crean un haz de luz entre las sombras. Es un objeto plano que proyecta historias en infinitas dimensiones. Se comunica con anónimos en una intimidad singular. Hoy, mis libros analógicos constituyen un símbolo de rebeldía en esta dictadura digital.     

Volviendo a la Metabiología, uno de los grandes hitos de la Biología Sintética fue la fabricación del primer genoma artificial. Debes saber que la información genética está en el genoma, y ​​que se puede fabricar ADN en el laboratorio. Esa misma idea después se llevó al Metaverso con su Biología Virtual. Ocurrió que, a partir de cuatro botellas que tenían componentes químicos producían un genoma completo. Después lo introdujeron en una bacteria convirtiéndolo en una nueva especie. Es como cambiarle el disco a una computadora y ponerle otro sistema operativo. O desde la Metabiología tomar distintos paquetes de qubits que contienen toda la información de esos propios componentes químicos y se genera mediante un algoritmo el mismo genoma. Más tarde la propia computación cuántica con sus chips proyecta en el Metaverso un nuevo fotonismo –organismo virtual-. Semilla de la misma concepción usando tecnologías distintas. Igualmente ocurrió con las conclusiones del proyecto Brain. Los resultados de ambas investigaciones fueron cruciales para luego replicar integralmente al hombre en el Mundo virtual.

Los aviones que han salido a la luz en los últimos años, fundamentados en la Biología Virtual, tienen ramificaciones muy inquietantes. Hablo de efectos subyacentes más allá de sus propósitos oficiales. Repercusiones que en buena medida reflejan el destino de una humanidad deshumanizada. Los grandes laboratorios metabiológicos, respaldados por presupuestos abultados, investigan y desarrollan sistemas específicos para continuar imponiendo su supremacía al adversario. Los nuevos campos de batalla que surgen con ellos son cuando menos demasiado interesantes.