Estando ya “inmersos” en dicha realidad, cada cambio que ocurre en el medio –escenario- con que el propio hombre interactúa en fracciones de segundos -presente virtual-, forma parte de una gran película filmada ya en el pasado real. Verdaderamente todo sucede a la velocidad de la luz. Ese es el instante donde la nueva explosión de interacciones atómicas, resultante de la reacción entre los cuerpos terrestres, en movimiento vibratorio, con la acción de la energía existente en los Quantum –Cuantos- que forman la matriz de fotografías radiada por el sol, imprime la nueva foto que visualizamos. Lógicamente con un umbral de retardo. Esta es la ilusión del tiempo que conocemos. Incluso las propias imágenes cuentan con los paquetes de luz necesarios para de conjunto con la estereopsis del cerebro, simular una realidad en tres dimensiones que, para proyectarse sin distorsión con la luz en una superficie plana necesaria de cuatro. Por eso partimos de esta concepción. Además de considerar fundamentales a las fotografías para la vida en el Mundo Real, y su réplica en el Metaverso.
La percepción –relatividad- de pasado, presente y futuro, del tiempo en general, lo provoca el retardo existente entre la velocidad a la que suceden las radiaciones electromagnéticas -velocidad de la luz-, y las distintas y con considerable menor velocidades a las que interacciona cada cuerpo terrestre, incluyendo el hombre.
Esta ilusoria velocidad a la que se imprimen dichas fotos con una tecnología muy avanzada, utilizando la luz del rayo láser solar, y siguiendo el principio de causa-efecto subjetivo, le ofrece una analogía de secuencialidad a la escena y, por tanto, una constante sensación de imagen en movimiento hacia adelante. Un tipo de codificación holográfica, en el cual a dicha película fotosensible y sus resultados se les graba microscópicamente olores, tacto y sabor. Estos últimos sentidos de realismo van surgiendo en la misma medida que la propia sucesión de fotografías instantáneas, organizadas por orden de creación, están permanentemente reaccionando, no sólo en el campo físico, sino además bioquímico, y por tanto transformando la realidad del mundo que habitamos, tanto en el exterior como el interior de nuestros cuerpos, con capacidades de precisión y procesamiento muy superiores a las del mejor reloj atómico, y la computadora cuántica más desarrollada que jamás se haya construido.
Pruebas indiscutibles de cómo el hombre fue entendiendo todo esto, y en su afán de validarlo, encuentra las vías de su implementación, están recogidas cronológicamente en los resultados de muchos inventos. Esencialmente ligados a conceptos tales como transmisión controlada de energía e información a grandes distancias. La caja oscura con un pequeño orificio por donde entraba la luz que impactaba sobre una placa de plata para plasmar la imagen. Los cimientos del cine en el Quinetoscopio, y luego los hermanos Lumière, con su primer proyector cinematográfico. La invención del teléfono, la radio y la televisión con los tubos al vacío, pasando por el invento del transistor y el empuje incuestionable de la electrónica digital, para de conjunto con la Fotónica, el desarrollo computacional a niveles cuánticos, de la telefonía celular e Internet, llegar a una fase superior en la interconexión de redes, con modernas infraestructuras de almacenamiento, procesamiento y transmisión de cantidades incomprensibles de datos a la velocidad de la luz, conforman un breve repaso de cuánto se ha obtenido.
Lo que llamamos realidad, en verdad es un tipo de realidad virtual. Además, se expande otra nueva realidad virtual, basada en la misma ciencia y principios de funcionamiento que la anterior: la informática cuántica y la fotónica programable. Ella nos permitió pasar a otra fase superior en el desarrollo tecnológico, ya la vez en la evolución de la especie. En nuestro propio mundo, como en una suerte de laboratorio, hemos estudiado, implementado, corregido y mejorado el mismo algoritmo de creación –programación- que nos ha hecho llegar hasta aquí. Los conceptos de aprendizaje profundo, inteligencia artificial, realidad aumentada, Blockchain, la IoT o internet de las cosas, la 5G, así como la transmisión y procesamiento de datos a partir de la luz, sobresalen en esta concepción para descifrar el código fuente de la Tierra, y utilizarlo con otra tecnología como código fuente del Metaverso. Proyectamos hacia adelante la misma lógica cuántica de la cual somos reflejo. Una es el inconsciente casi exacto de la otra. Como dos espejos enfrentados, que su sumatoria da lugar a la nueva existencia del hombre, y en consecuencia del planeta entero.
La evolución humana históricamente se ha basado en el aprendizaje, su vínculo y la experimentación. De esta manera hemos venido descubriendo las piezas y, en consecuencia, armando el rompecabezas que muestra la ruta para alcanzar la llave maestra de ambos universos. Modelos muy similares desde universos distintos. Partir de la cultura dejada por nuestros antepasados en piedras, papiros, papel y cualquier otro medio que permitiera transmitir un mensaje a la posteridad, consiguió que el trabajo de milenios, de generaciones enteras de civilizaciones haya servido como escalera de muchos peldaños para llegar hasta este pináculo. La cúspide donde todo parece relacionarse y ser más luminoso. Asombrosamente claro y fluido como el cauce de un río escondido en medio de esta selva digital. Sus señales aparecen en cualquier lugar. Solamente debemos prestarles un poco más de atención.
Por eso los fundamentos biofotónicos del hombre pasaron de ser lo que conocíamos antes a otra cosa distinta. Novedosos estudios respaldan presuntas conceptualizaciones de cómo se constituye esta disposición vital de nuevo tipo. La línea de formación digital encargada de esto es la Metabiología, Biología Virtual, o Biología del Metaverso. Cualquiera de estas formas sirve para llamarla. Y ha sido bautizada así para facilitar la comprensión de su esencia. Ella explica el funcionamiento de los sistemas digitales complejos encargados de crear las identidades virtuales de cualquier ser vivo, o no. Entonces, qué le ocurre al hombre cuando también puede seguir viviendo a velocidades cada vez más cercanas a la luz. Qué pasa cuando nuestra lógica analógica, de existencia tridimensional y espacial, con cuerpo y masa visible, la que aceptamos como natural u orgánico, y forma lo que es llamado Mundo Real sigue funcionando, pero ahora avanzando más allá de lo que creíamos posible: multiplicando la existencia humana con el acelerado avance de la lógica binaria, su existencia bidimensional y plana, que vuelve a los cuerpos livianos y vaporosos, teletransportándolos, comunicándose además por imágenes telepáticas, y funcionando a frecuencias elevadas para atravesar las partículas. Todo eso sin perder información, y transformando radicalmente nuestra experiencia biológica. Qué ocurre cuando nos sumergimos en esta novedosa y “antinatural” concepción del Mundo que llamamos Virtual, o Metaverso, sin estar preparados para tanta disrupción; y por ende también se incrementan a velocidades astronómicas los riesgos del desorden, la locura y el caos del hombre.
Son algunas de las preguntas que, al responderlas creamos este legado convertido en texto. Él pretende abrirte los ojos en verdad para que despiertes. Un ejemplo sencillo de cómo una mínima parte de la mega expansiva cantidad de información transmitida por las radiaciones fotónicas, puede ser concebida y manipulada en este cuanto de luz.

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