Este planteamiento lleva a entender que el espacio y el tiempo, que la vida misma dentro del Mundo Virtual también es completamente posible, e incluso sobrepasa los límites de toda la realidad. Muchos metaversos a menor escala que interconectados forman el Gran Metaverso. Cada uno con características propias, y otras similares entre sí. Todos concebidos bajo la misma lógica de funcionamiento. Los enigmas que van teniendo respuestas para entender la composición del Universo Real, se aplican absolutamente a escala virtual. El Metaverso es un universo más dentro del inacabable, y a veces incomprendido Multiverso. Una composición que entrelaza la Física Clásica, la Mecánica Cuántica, la Biología, la Química, la Psicología y Sociología con la Informática Cuántica. En esencia construida sobre las propiedades cuánticas de los sistemas físicos. Subcampos como los ordenadores, algoritmos, simuladores, criptografía, comunicación, corrección de errores y entrelazamientos, precisamente cuánticos, no pueden faltar. La aplicación de los patrones que contiene el universo real, en otro paralelo que sí es controlada enteramente por el hombre. Una especie de poder sempiterno desplegado por un ser finito, que al mismo tiempo experimenta la eternidad. Porque la humanidad durante siglos ha estado obsesionada con esto. Y temía llegar a su fin desde una percepción de corporeidad. Pero ahora ya sigue existiendo con su fotonismo. Un cuerpo de luz que trasciende con su mente en el Metaverso más allá de la muerte. Allí la vida es artificial. Manejable no sólo debido a la Biología Sintética que crea bloques biológicos a partir de ADN, y los elementos bioquímicos del material genético que los conforman; sino a partir de algoritmos fotónicos, y el comportamiento físico de sus partículas producidas y manipuladas desde la Informática Cuántica. La Biología Sintética produce y manipula organismos dentro del mundo real. Mientras que, la Biología Virtual produce y manipula organismos y su entorno dentro del Metaverso. Los fotonismos o sistemas de luz mencionados.
Imagínense un hombre que a partir de un implante cerebral sincroniza sus sentidos e intelecto natural con un nivel de inteligencia artificial en el Metaverso, obteniendo como resultado una percepción mayor. Y, por tanto, capacidades intelectuales infinitamente superiores. O un militar que, mediante las emisiones de flujos neuroquímicos en el cerebro, provocadas por implantes similares, no tiene la experiencia del miedo y el dolor. O que ese mismo soldado durante un conflicto bélico no pasa por problemas éticos si le dispara a una civil. O un identificador de energías negativas y parásitos astrales en el ambiente, se comunica continuamente con tu cerebro para prevenir y activar a la vez el sistema de tu Ser. O de un organismo con un programa computacional que ordena y analiza sus pensamientos y sentimientos, sabiendo en el mundo real qué acciones ejecutar para hacerlos realidad. Pero no solo eso, sino que además convierte las ideas en una forma útil de energía.
No sueñes más. ¡Bienvenido a la Biología Virtual!
Partimos de que, Biología es el estudio de la vida, y virtual es algo que existe de forma aparente, pero que al mismo tiempo puede alcanzarse en la realidad, porque reúne las características para ello. Los ingenieros y científicos cuánticos diseñan sistemas para hacer cosas dentro del mundo virtual. Puede ser abstracto como estudiar la vida. O palpable como tratar una enfermedad, generar energía cuántica o detectar larvas siderales. Lo novedoso es cómo se reproducen y manejan los nuevos sistemas de forma artificial, y sus usos. Eso se hace mediante la generación, manipulación y utilización de cuantos o bloques de luz. Son bloques como los grabados Rasti, Lego o Mis ladrillos. Cada uno se diseña de tal forma que, al hacerlo pasar por un chip y su correspondiente algoritmo, genera el color azul, o el olor a mar, o produce emociones como la traición, la felicidad, la tristeza, y estos simultáneamente más o menos salud. Todos los bloques de luz están hechos de espinas nucleares o fotones, que es la partícula en que se transporta la información cuántica. Y se pueden combinar unos con otros. Entonces, un investigador hace miles de bloques de luz y los comparte en el ciberespacio. Y cada usuario los consigue, usándolos para hacer su propio fotonismo con las funciones que desea. Pero no sólo los utiliza, también los transforma, y le da otros usos. Cada uno con un propósito singular, puede crear nuevos sistemas en el Metaverso. Y lo más alucinante para quienes les interesa la complejidad de la Biología y su experimentación con el mundo binario, es que funciona.
Existen laboratorios profesionales de empresas privadas con sus bancos de funciones encerradas en bloques de luz. También otros bancos más pequeños, e interesados aislados. En teoría todos pueden dar rienda suelta a su imaginación. En la práctica generalmente prevalecen los más fuertes. Ellos arman, desarman, agregan, eliminan, se regeneran. La evolución se regenera. La involución también. Los programadores fotónicos con este poder vienen a ser manipuladores seriales. Recolectan y reutilizan bloques de luz para rehacer fotonismos con funciones a medida, según marcados intereses. Esto lógicamente genera terror. ¿Entonces cada uno hace lo que quiere? Aparentemente no, porque deben existir controles. En la Biología Sintética y otros campos de investigación se tuvieron mejores resultados al respecto. Con la Metabiología la suerte no es igual. El “Internet clásico” previó tiempo atrás lo que ahora está sucediendo. Saltamos al otro lado de la pantalla sin estar realmente preparados. Antes nuestra cultura tecnológica estaba fuera de ella, interactuando con dispositivos electrónicos mediante periféricos y superficies táctiles. Con el crecimiento de las redes sociales cientos de millones de datos personales a nivel mundial se fueron anclando en la nube. Desde que la tecnología comenzó a entrar en nosotros y nosotros en ella, usando además dispositivos fotónicos, esto no ha parado de crecer a velocidades vertiginosas. Y al igual que en épocas anteriores, la gran oportunidad que impone la innovación tecnológica desata un peligro colosal. Con la Metabiología la vida se desencarna, y con ella los principios éticos de esta sociedad virtualizada. La existencia analógica, como si se tratase de un aparato más, se ha vuelto obsoleta. Ya casi no se usa la representación gamificada como al principio del Metaverso. Todo sigue teniendo un trasfondo de juego, pero con gráficos hiper reales, y muchas veces superiores al viejo mundo. En este instante cualquier dato humano queda registrado en el Mundo Virtual. Hay un registro especial en tiempo real de nuestra actividad cerebral. El chip implantado bajo diferentes fachadas en el cerebro humano, consigue reproducir simultáneamente toda la experiencia de ambos mundos. En la antigüedad todo era entendido desde una lógica analógica. Actualmente prácticamente nada es visto así. La propia recopilación de información va enseñando en paralelo a la inteligencia artificial, que condiciona sustancialmente al yo virtual formado por la superposición de universos e identidades.Con los implantes cerebrales la infraestructura corpórea del universo se ha vuelto un algoritmo de luz para existir en el Metaverso. Al ser humano le cuesta diferenciar el entorno con el cual interacciona, porque los percibe de la misma forma, debido a la interconexión fotónica que permite el chip cerebral. Este genera emisiones que alteran artificialmente los flujos neuroquímicos. El cuerpo y el cerebro humanos se manipulan a voluntad. Su entorno circundante se controla cada vez más mediante la fotónica programable. Hacerlo desmedidamente ha aumentado, como se temía, las situaciones de dislocaciones emocionales complejas. Las sociedades se hunden más por sus experiencias de conflictos, por pensamientos y emociones turbias que a la vez complican los problemas de salud física y mental. Los parásitos energéticos se encuentran aquí un manjar exquisito para su desarrollo. Ocurre que, frente al miedo, la depresión y la incertidumbre, no solamente se producen escenarios de polarización, sino que vivimos un tipo de distopía donde la humanidad destruye su propia existencia. Ambos mundos se llenan de energía negativa. Conceptos como la seguridad, bienestar y privacidad están vacíos en esta nueva era. Las enfermedades físicas y mentales se elevan. La gestión y administración del Mundo Virtual, al igual que sucedió históricamente con el real, no está al servicio público, sino que responde a los beneficios de una selecta minoría. Aquí tampoco se protegen la salud y los derechos esenciales del hombre. En su lugar se emplean vías más inteligentes para socavarlos.
Si con el proyecto Brain se mapearon las capacidades cerebrales para su posterior análisis y manipulación en computadoras cuánticas, el conjunto de datos recopilados masivamente en el Metaverso, alrededor de nuestras inmersiones físicas, cognitivas y también inconscientes, están propiciando usos no pacíficos de estos a escala. . . . alcalde. Se está cumpliendo con creces el objetivo de convertirse en una fuente casi inagotable de alimentación para la IA. Las posturas contenidas en el mundo real se liberan caóticamente en el Metaverso. Se vulneran las legislaciones no ya de un país, sino del mundo entero con sus fundamentos de civilización. Las fronteras entre los pueblos se borran, no como causa de la hermandad entre los hombres, sino por el impresionante y expansivo poder de su nueva tiranía.

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