Esas que valen más y vencen a las otras

son las armas que cargo conmigo.

Lo hago para mantener flameante la fe,

incorruptible el carácter.

No hay vergüenza en mostrarle al sentimiento

mi verdad. Tal como es.

Así, sin tapujos ni intereses simulados.

Hacerlo como un parto inminente

empeñado en dar la luz.

Para recordarme que vengo de ellas

y para reencontrarme en su seno también.

No importa que explore otra forja de vida.

Una que parece distinta, pero es igual.

Se debaten en la esencia de mis hechos.

Se definen con la fina línea de mis armas.

Armas que pelean su razón.

Las armas del juicio.