Transformar el sentido de la existencia pasa por cambiar la lógica del pensamiento. Una que sirva ya no sólo como flecha para indicar el rumbo correcto, sino como la tabla urgente donde se agarre la salvación.
Se ha tocado tan alto la alarma del caos, y se ha hecho tanto para que el hombre la escuche, que terminó quedándose sordo a su mortal llamado de atención.

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