La presión
en nuestra mente por la imposición del miedo, en el que las estructuras
emocionales del cerebro límbico, la amígdala y el hipocampo concretamente,
responden desconectándose del control de la corteza frontal, es el “secuestro
límbico”. En ese estado no podemos pensar sino solo reaccionar, y reaccionamos
al miedo. En ese vacío de ideas propias se encuentra el terreno fértil a las
ideas externas e impuestas, que ya no son fruto de la reflexión crítica, sino de
la aceptación del dogma.

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