Durante la ocupación nazi en la Segunda Guerra Mundial, la resistencia en Francia y Polonia adoptó distintas estrategias. Mientras algunos grupos optaron por la lucha armada, otros priorizaron la resistencia cultural y la comunicación clandestina. El "cómo" se llevó a cabo dicha resistencia influyó en la efectividad con que la sociedad transitó de la barbarie a la liberación. Otro enfoque estuvo en Sudáfrica, donde el proceso de sustitución del Apartheid por un sistema democrático fue guiado por la Comisión de la Verdad y la Reconciliación. Elegir "cómo" abordar las violaciones de derechos humanos y construir puentes entre comunidades desempeñó un papel primordial en los avances posteriores. El empleo de métodos no violentos por algunos movimientos sociales también ilustra la influencia del "cómo" en la lucha de contrarios. El liderazgo de Mahatma Gandhi defendiendo la independencia india destacó la eficacia de su resistencia pacífica. Emplear la desobediencia civil y la no violencia influyó en el cambio y la naturaleza de su lucha. En España, tras la muerte de Francisco Franco se inició una evolución hacia un sistema democrático. La forma en que se construyeron las instituciones, abriendo espacios para el diálogo y la participación ciudadana, definió el "cómo" fueron ocurriendo los nuevos acontecimientos. La velocidad con la cual una sociedad se mueve entre extremos opuestos también es moldeada por la cultura del diálogo resiliente, y condiciona la percepción del tiempo demorado en dicho movimiento. Algunas revoluciones son como relámpagos que iluminan el cielo geopolítico en un abrir y cerrar de ojos. La de los Claveles en 1974 es una muestra fehaciente. Bastó un corto periodo para que el régimen autoritario portugués colapsara, dando paso a un gobierno popular. En los casos donde la resistencia enfrenta dictaduras prolongadas, la velocidad de transición se afecta por la tenacidad del régimen en el poder. La resistencia contra el Apartheid en Sudáfrica ejemplifica sobre una lucha que persistió durante décadas. La aceleración de este proceso, cuando finalmente ocurrió, fue por la resistencia interna y la presión internacional, lo cual influyó directamente en cómo se percibió el cambio.

En estos días las tecnologías informáticas y de comunicaciones siguen alterando significativamente la velocidad y percepción de diversas transiciones, incluyendo las políticas. Los movimientos de protesta organizados a través de plataformas digitales pueden potenciarse rápidamente, impulsando la velocidad de cambio hacia un sentido u otro. Por ejemplo, la Primavera Árabe de 2010 y 2011 fue catapultada por la rápida difusión de información a través de las redes sociales, alterando la percepción de esta transformación política en varios países de la región. Ocurre que el tiempo demorado en pasar de una Dictadura a su Revolución, y viceversa, depende esencialmente del período que tarda en de-formarse la nueva conciencia social responsable de implementar tales cambios. O lo que es igual: la velocidad a la que suceden dichas de-formaciones. La conciencia social, ese espejo que refleja las creencias, valores y aspiraciones de una comunidad, está íntimamente vinculada al tiempo. Una transición de cualquier tipo es convertida en la narrativa temporal de cómo la conciencia colectiva se de-forma y transforma. Es ahí donde observas cómo cambian las percepciones, las ideas evolucionan y las estructuras de poder se fortalecen o destruyen. Surge así el catalizador de un cambio político o de cualquier otra clase. Cuando una sociedad se encuentra bajo una dictadura, la de-formación inicia su proceso lento y tenaz. Es un cuestionamiento silente que se extiende desde las conversaciones clandestinas hasta los gestos de resistencia. Este proceso, aunque invisible en sus primeras etapas, gesta las semillas de la transformación. La resistencia es la manifestación visible de la de-formación consciente. Proyectada a través de actos valientes y desafíos, ella refleja el cambio subyacente en la visión colectiva. Los movimientos revolucionarios, las obras de disidencia artística y las voces disonantes se convierten en los hilos tejidos por la de-formación. Son ellos quienes preparan el escenario para la escena siguiente en la obra del tiempo. En transiciones más graduales, la de-formación de la conciencia es como un río que talla la piedra pacientemente. La caída de dictaduras y el surgimiento de revoluciones no siempre ocurren de forma abrupta, sino como corrientes que desgastan lentamente las estructuras establecidas. Aquí, el tiempo se convierte en un aliado de su de-formación, introduciendo un cambio más matizado y profundo. Acelerar o frenar esta velocidad de transición es directamente proporcional a acelerar o frenar la de-formación de la conciencia social, según el sentido deseado. Se convierte en una especie de metrónomo que marca el ritmo del cambio. ¡Esa es la clave! Y el poder real lo sabe, provocando de diversas maneras que los acontecimientos sean cada vez más rápidos, caóticos, y se precipiten hacia el contrario que le interesa. En nuestra realidad cotidiana puedes observar distintas pruebas que confirman esta situación. Las plataformas digitales hacen que las voces disidentes alcancen audiencias masivas en tiempo real. Movimientos como el #MeToo, que expone y cuestiona la violencia de género, ganaron notoriedad difundiendo testimonios y denuncias en línea. La tecnología, al acortar las distancias y acelerar la transmisión de mensajes, se convierte en un vehículo esencial para la de-formación de la conciencia social. Aumentar la velocidad de transición también puede estar asociada a eventos críticos que actúan como detonadores. La rapidez con la que cayeron los sistemas comunistas en Europa del Este se debió, en parte, a la de-formación en estos países de la conciencia colectiva que demandó cambios profundos. En contraste, hay situaciones en las que frenar la velocidad de transición se convierte en una estrategia impresionante para preservar ciertos valores o estructuras. Regímenes autoritarios, por ejemplo, pueden buscar ralentizar la velocidad de cambio mediante la censura, la represión y el control de la información. La de-formación de la conciencia social se ve entonces sometida a fuerzas que buscan mantener el statu quo, limitando el acceso a perspectivas alternativas y restringiendo la libertad de pensamiento, expresión y acción. En el continuo pulso entre el cambio y la estabilidad, la velocidad de cómo la conciencia colectiva se de-forma y reconfigura es el factor decisivo. Su aceleración puede desencadenar revoluciones sociales. Mientras que, el freno busca preservar estructuras existentes, marcando así la relación íntima entre el tiempo y la evolución de la conciencia social.

Ella es la suma de todas las conciencias individuales, las cuales se comunican mediante su interacción mutua. Formar una nueva conciencia colectiva equivale a deformar las conciencias personales actuales. Cada persona aporta sus experiencias, creencias y comprensiones al tejido común. Este entrelazado de perspectivas diversas crea una riqueza en la conciencia social que refleja la diversidad inherente a la condición humana. La comunicación actúa como el puente fundamental entre conciencias individuales para construir la conciencia social.

Herramientas como las redes sociales y los medios masivos de comunicación facilitan esta comunicación, permitiendo que las ideas fluyan, sean influenciadas y se fusionen. La amplitud de estas interacciones impactan constantemente en la regeneración de la conciencia social alimentada por las individuales. Su metamorfosis se manifiesta por medio del diálogo y la confrontación de ideas. Así se vio con el grupo por los derechos civiles en Estados Unidos en la década de 1960. Las conversaciones y protestas colectivas de-formaron las percepciones individuales sobre la raza y la igualdad, generando una nueva conciencia social.