La comunicación entre psicología y tecnología ha creado un terreno fértil para manipular consciencias. La recopilación masiva de datos, el análisis predictivo y la inteligencia artificial permiten a los actores poderosos comprender profundamente los patrones individuales del pensamiento. Esta comprensión sirve para diseñar estrategias de control que apelan al subconsciente de cada persona. Dicho objetivo camuflado en avances científico-tecnológicos es evidente. Desde las redes sociales hasta la publicidad personalizada. Las plataformas digitales se han convertido en herramientas de manipulación psicológica masiva. Los algoritmos, alimentados por datos personales, crean burbujas de información que refuerzan creencias existentes y limitan la exposición a perspectivas divergentes. Las redes sociales en teoría deberían comunicar a las personas con ideas y experiencias diversas. Sin embargo, la realidad es que estos algoritmos, respaldados por análisis de datos psicológicos, evolucionan continuamente en plataformas creadoras de burbujas informativas. Facebook usa algoritmos que rastrean tus interacciones y preferencias para mostrar contenido que refuerza creencias preexistentes. Ello provoca un ciclo de retroalimentación donde solo ves información que ya está alineada con tus perspectivas, alimentando la polarización y debilitando la diversidad de opiniones. La publicidad en línea sigue creciendo, en tanto implementa estrategias que van más allá de mostrar productos. Empresas como Google utilizan análisis de datos para entender tus comportamientos de búsqueda, sitios visitados y preferencias personales. Este conocimiento permite generar anuncios altamente personalizados que apuntan a tus deseos y miedos subyacentes. La publicidad, en lugar de ser un simple medio informativo, se convierte en un poderoso instrumento psicológico influyente en tus decisiones de compra y en la visualización de tus necesidades. Complementar la psicología con la tecnología también ha alcanzado su punto álgido en el ámbito político. Campañas electorales modernas utilizan análisis de datos para segmentar a los votantes y enviar mensajes personalizados. Una situación destacada fue la elección presidencial de 2016 en Estados Unidos, donde se informó que Cambridge Analytica recopiló datos psicológicos de millones de usuarios de Facebook para elaborar perfiles detallados y diseñar estrategias de manipulación. La psicología de la adicción y el consumo son muy aprovechadas por las empresas tecnológicas. Se desarrollan aplicaciones e interfaces adictivas basadas en principios psicológicos para mantener a los usuarios cautivos. El desplazamiento infinito, las notificaciones y las recompensas intermitentes conforman estrategias para activar los centros cerebrales de recompensa y fomentar el uso dependiente. Este control sobre la atención y comportamiento online ejerce una influencia sutil pero potente en la consciencia diaria, actuando a la vez en el inconsciente de las personas. Con el avance de la realidad virtual y aumentada, la línea entre lo real y virtual se desdibuja. Dichas tecnologías son utilizadas para crear entornos persuasivos que afectan percepciones y emociones, las cuales auxiliadas por la inteligencia artificial están teniendo un impacto más hondo en la sociedad. En tal sentido, en el ámbito publicitario se diseñan experiencias inmersivas que refuercen los mensajes de marcas y compañías, dejando una impresión duradera en la mente del consumidor. No cabe dudas que, el poder moderno se basa en la capacidad globalizadora de controlar y transformar la consciencia de las masas. La publicidad dirigida, los mensajes políticos personalizados y la creación de realidades virtuales son solo algunas de las manifestaciones de este fenómeno, bajo la supervisión de las élites que administran sus innovadoras herramientas de poder. Ellos dan forma a la realidad percibida por la sociedad moderna en su conjunto. La falta de ética y moral de la manipulación psicológica es un tema crítico que se ha salido de control. ¿Hasta qué punto es aceptable influir en las consciencias personales en nombre de un interés particular? Creo que en ninguno. Pero, esa misma manipulación hace que situaciones graves como esas se vuelvan normales hasta para los propios afectados. E incluso, puede resultarle indiferente a muchos en no pocos casos. Los riesgos por la falta de independencia y carencias de salud humanas son alarmantes. Contra esos riesgos también hay que luchar. Si la consciencia es manipulable: ¿Cuánto de tus ideas es verdaderamente tuyo? La libertad de pensamiento, expresión, así como tomar decisiones responsables son pilares fundamentales en una sociedad justa y democrática. Continuar entregando tales libertades plantea serias preguntas a la precaria situación en la que están las moribundas “democracias”.

Hoy la forma más eficiente de crear ideologías es mediante la tecnología que comunica al planeta entero. Las plataformas de streaming y el contenido personalizado ofrecen experiencias individualizadas, mientras se adaptan a las preferencias de cada usuario. Es un enfoque generador de burbujas informativas e ideologías afines. Algoritmos de recomendación de plataformas como Netflix o YouTube mantienen a millones de usuarios inmersos en contenidos que refuerzan sus propias perspectivas y consolidan la formación de ideologías específicas. A la vez, la tecnología facilita la propagación de peligrosas campañas de desinformación. Intervenir elecciones mediante la difusión de noticias falsas, el uso de bots en redes sociales y la creación de perfiles falsos reflejan cómo actores malintencionados  socavan la integridad de la información, manipulando ideologías a gran escala. 

La tecnología proporciona herramientas de colaboración global que fomentan la conexión entre individuos con ideologías opuestas. Proyectos de código abierto, sitios de colaboración en línea y comunidades virtuales permiten que personas con distintos intereses y perspectivas trabajen juntas, independientemente de su ubicación geográfica. Se forman ideologías segmentadas que trascienden barreras territoriales. De hecho, la ideología “más conocida” en el mundo, la del capital y su acumulación, tiene una fortísima onda expansiva con las tecnologías informáticas y de comunicaciones. Urge decir, por tanto, que sobre el inconsciente y el subconsciente se influye eficiente y subliminalmente consiguiendo que el entorno y su lógica de funcionamiento, hoy abrumadoramente globalizada por el mercado y su capital, con los cuales estos interactúan –comunicación-, obedezcan a los intereses del poder que quiere controlar dichas consciencias. La economía digital interdependiente sigue transformando la forma en que se desarrollan los hábitos de consumo y explotación. La facilidad para realizar transacciones en línea, combinada con estrategias de diseño de interfaces y recomendaciones personalizadas soportados por Internet, limita la toma de decisiones exclusivamente hacia la compra y el endeudamiento. Comodidades aparentes ocultan en muchos casos sometimientos sutiles. Unido a esto la vigilancia masiva, impulsada con sofisticados sistemas digitales, permite un nivel de control social sin precedentes. Esta, aunque a menudo se presenta como necesaria en nombre de la seguridad ciudadana, afecta en paralelo el comportamiento individual, porque genera un sentido de autocontrol basado en la idea de ser observado constantemente por el ojo que todo lo ve. Se comunica una influencia que moldea las acciones personales, mostrando estricta obediencia hacia las normas establecidas.