“Pensar duele” es una frase falsa inducida por quienes no quieren que tú pienses.

Duele si cuando empiezas a pensar el miedo te paraliza frente al caos provocado

precisamente, por quienes no les conviene tu pensamiento libre.

Pero cuando sigues decidido, creas las condiciones, y con ideas evolucionadas

encuentras soluciones justas, entonces pensar se convierte en el placer más sublime.   

Pensar se erigía como una premisa esencial durante la búsqueda del conocimiento, la justicia y liberación humanas. Iba más allá de la mera capacidad cognitiva. Implicaba luchar contra reflejos condicionados y una alta disposición hacia la reflexión crítica. Conducía a cuestionar creencias y explorar distintas perspectivas de vida. Forjaba una mentalidad de resiliencia que trajo tiempos de esplendor. Luego leer libros, ser cultos en su más alto significado se volvió irrentable y peligroso para quienes dictan la sentencia. Había que cambiar las cosas. Desde entonces tal situación nos alerta, cada vez con más fuerza, que la humana podría ser la próxima cultura en extinguirse.

Regresar el pensamiento a su lugar exacto no solo constituye hoy una responsabilidad individual, sino que su manifestación también se planta como un fuerte motivo para proyectarla hasta una dimensión social. Fomentar la inteligencia y el diálogo constructivo es la esencia para superar esta crisis global. Porque más que la económica o climática, el abismo irreversible que está dejando la crisis del pensamiento es preocupante. No cabe dudas, la alienación a niveles más profundos e insospechados es la mayor apuesta de los súper poderosos.

La falta de educación con calidad -autodidacta, institucional, pero sobre todo sistemática y útil- es otro ejemplo. La misma ha dejado de jugar su papel determinante en la consolidación de una civilización que también rinde culto al pensamiento y sus valores. Por el contrario, estamos siendo alejados intencionadamente de toda pedagogía que promueva la curiosidad, la investigación y la capacidad de análisis para nutrirnos de las habilidades que den paso a la acción cabal.

Lograr de forma manipulada que muchas personas no puedan discernir entre información válida y falacias, ni sepan armarse un criterio básicamente coherente, conspira con la opresión de los nuevos esclavos. Nadie al que le hayan arrebatado su capacidad de pensar está en condiciones de liberarse, menos aún de salvarse.

A medida que exploramos más a fondo la cultura del pensar y sus guerras, nos enfrentamos también al desafío de superar barreras psicológicas que limitan el potencial reflexivo. Es crucial abordar la resistencia al cambio, la tendencia impulsada y creciente a la ignorancia, su conformidad. Estos obstáculos camuflados entre entretenimientos, miedos y necesidades materiales, frenan dramáticamente el avance hacia una mentalidad analítica que desate revoluciones necesarias. Se requiere conciencia para desafiar dogmas, aceptar la incomodidad inherente al crecimiento intelectual, que propicien al mismo tiempo las armas para luchar. Las ideas.

Más que una acción, pensar continúa siendo el único compromiso certero con la salvación, no solamente de su cultura, sino de la propia especie. Concuerdo en que eso es lo primero que debemos salvar: la cultura y su pensamiento. Fomentar la reflexión crítica, promover el diálogo constructivo, cultivar una educación que estimule la curiosidad y supere las barreras psicológicas, deben ser otra vez la base para edificar una sociedad en la que el bienestar humano sea el centro de todo. Es esto o la desaparición. En última instancia siempre volver a pensar. Así no sólo estaremos capacitados para comprender mejor el escenario que nos rodea, sino que también nos impulsará a transformarlo con sabiduría y valor . Cuestión de inmenso interés que lleva a los amos de turno a querer dominarlo –al pensamiento- de diversas formas. Basta conectar la estupidez humana que ellos mismos siguen potenciando con la gran inteligencia artificial que están creando, todo eso impregnado con la percepción de que el tiempo es poco y las carencias muchas, para descubrir su plan.

El pensamiento analítico y crítico realmente duele porque está en peligro de extinción. La agravada falta de las condiciones imprescindibles para su existencia: educación, tiempo disponible y necesidades básicas resueltas, provocan que tal dolor se multiplique. Pensar duele porque quienes no les conviene que tú pienses se han encargado de que así lo sientas. Es evidente que quieren tenernos lejos del verdadero poder. Sin ni siquiera saberlo, nos arrebatan impunemente nuestra única y real fuente de valor.