En el mar revuelto hay muchos pescadores disputándose unos cuantos alevines. En el mismo lugar existe un pescador inmenso que tiene armadas sus redes para atrapar lo que antes aquellos pescaron. Ganancia total.
Es falso decir que en la ciudad capital no se reparten los peces entre todos, sino que te enseñan a pescar. Ni lo uno ni lo otro. DifÃcilmente repartan peces con justicia o te encuentres un pescador solidario. Para que alguien te diga cómo pescar primero debes pagar las clases y tu propia caña. Aprender por cuenta propia tiende a ser lento e irrentable. Lo cierto es que estamos todos frente al mismo mar, pero nadie zarpa del mismo puerto ni navega en igualdad de condiciones. Debes agenciártelas para obtener los medios y trabajar duro si quieres no ya pescar frente a enormes buques pesqueros, al menos un pequeño alevÃn con el afán de venderlo, sino llevarte un pedazo de uno a casa para la cena familiar.
Para tener el derecho a pescar con competidores de toda clase, antes debes pagar. Y si logras atrapar o comerciar algo también tienes que cumplir con el impuesto establecido. Y si después de saldadas tus deudas y comer llegara a quedarte un excedente, ahà están las redes del poderoso pescador.
Mientras tanto, casi todos siguen aferrados a su pesca con la ilusión de avanzar. Y el ocaso continúa apareciendo, dÃa tras dÃa, en el horizonte de un mar cada vez más brutal.

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