El Comunicismo es un
sistema económico, político y social postcapitalista, que busca la acumulación
extrema de riqueza y poder en una reducida y hegemónica plutocracia, dueña de
los medios de comunicación. Controlan el modo de comunicación existente entre las
fuerzas comunicativas y sus relaciones, así como la forma y el sentido que
siguen distintos procesos, incluyendo la producción de bienes y servicios. Eso
hace más homogeneizado, alienado y deshumanizante el trabajo y la vida del
proletariado mundial. Lo vuelve más pobre, depresivo y totalmente sometido a
ese sistema global de comunicación que manipula, explota y
destruye.
El cambio fundamental que lleva del Capitalismo al nuevo sistema comunicista es la digitalización y súper conectividad del mundo, con la creciente y disruptiva expansión de tecnologías asociadas con la informática y comunicaciones. Todo eso concentrado en un pequeño grupo de compañías transnacionales privadas que dictan el desarrollo evolutivo de la civilización. En esta especie de mutación capitalista el poder de su nueva burguesía es incomparablemente mayor que en la época industrial. Ahora son mucho más ricos que antes. Además, tienen la capacidad de influir significativamente y hasta anular el poder de Estados e instituciones nacionales e internacionales, casi como si estas no existieran. Pero, al tener el control en la comunicación, pueden de-formar las consciencias individuales y sociales, dominar como nunca antes en la historia la consciencia humana. Un poder abrumador que hace cada vez más pobre a la inmensa mayoría de la población, mientras aumenta el abismo de desigualdades entre esa clase casi mundial y la reducida élite que lo controla todo. En este sistema la sociedad tiende a ser parte de una sola clase, la de los pobres y explotados por esa selecta y todopoderosa plutocracia. El Comunicismo podría representar la etapa final de la evolución histórica de la sociedad porque la revolución tecnológica con sus imparables avances en robótica, inteligencia artificial e informática cuántica llevaría a un punto donde estos sistemas artificiales tomaran el control del mundo, destruyendo a la humanidad. Otra línea con características similares, y quizás más cercana a la época actual es el acelerado uso que están teniendo esos mismos avances tecnológicos en la industria militar, desarrollando armas inteligentes y autónomas con un poder de destrucción global. Igualmente, en este sistema las contradicciones entre la cada vez más visible clase única pobre y los elegidos explotadores se están languideciendo debido al aislamiento, fragmentación, ignorancia, cansancio y casi nula capacidad de organización movilizadora que posee dicha clase. Lo cual se debe esencialmente al inmenso poder que ejerce la plutocracia sobre ellos, condicionando consciencias para que les resulte muy difícil comprender su propia realidad, y accionar para transformarla. En esta dictadura de la comunicación tecnológica, y por ende, artificial, los proletariados nacionales tienen un escaso respaldo de sus respectivos Estados, el cual se percibe débil y prácticamente imposibilitado para enfrentar las formas en que la nueva plutocracia ejerce su control planetario. Los Estados pierden su sentido de existencia, al no tener la capacidad para resolver los problemas acumulados y acuciantes de sus ciudadanos. Se vuelve común para el proletariado internacional, no la apropiación de sus medios de producción y la producción, como expresa la teoría comunista, sino el ser condicionados, vigilados y explotados por los sistemas de comunicación globales que lo empujan ciegamente a continuar siendo esclavos modernos, en tanto explotan al unísono sus propios datos. El sistema comunicista se organiza según el principio de: “a cada individuo según su función, a cada individuo según su valor”, lo que implica que cada individuo es un componente del complejo sistema de comunicación que forma parte, y vale algo mientras tenga una función específica en dicho sistema de comunicación.

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