El alma humana también está condicionada por la fuerza de gravedad. Es esa sensación de que todo cae, constantemente, mientras se mueve entre sus extremos. Parece difícil pensar a contracorriente. Demanda mucha energía convertida en sabiduría y valor. Pero, es necesario hacerlo para cerrar el ciclo.    

Entre el cielo y la tierra la lluvia cae. 

Entre la montaña y el mar el río cae.

Entre el árbol y el suelo la fruta cae.

Entre el alba y el ocaso el día cae.

Entre el nacimiento y la muerte la vida cae.

Pasa con cada ente entre sus contrarios. Para que la lluvia, el río, la fruta, el día y la vida sigan cayendo es porque de alguna forma vuelven a levantarse.

Creo que el ser humano en su entorno natural simplemente ve cuando llueve. Mas, generalmente no observa ni es consciente de que la misma lluvia en forma de río fluye hacia el mar. O que el agua hierve por un sol que cae, transformándola en ese vapor que danza hacia las nubes. Así se condensa y precipita nuevamente. Es un aguacero distinto que viene del ciclo anterior.

La lluvia entonces moja a las hojas. Corre por las ramas. Penetra en la tierra. Alimenta al árbol donde nace el fruto, que al madurar se desprende. Cae. Ahí el tiempo y el espacio lo corrompe. Sus semillas, como esencias de vida, se siembran en el suelo donde otro árbol brotará del fruto podrido.